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martes, 15 de enero de 2013

UN GOLPE EN LA MESA

Cuando el nivel de ira y rabia contenida se eleva en nuestro organismo, necesitamos imperiosamente desprendernos de él; un grito a tiempo, un improperio a destiempo y últimamente, más que nunca, el golpe en la mesa. Ese con el que relacionábamos la reacción de nuestros padres enfurecidos con nosotros, con el trabajo, con el mundo o consigo mismo. 
Ahora nosotros lo emulamos con demasiada frecuencia. La realidad nos evidencia cada día más lo solos que estamos en medio de esta vorágine económica, política y social. Y consideramos que una respuesta rápida a nuestra desesperación es dar con fuerza un golpe en la mesa.
Lo damos. Un golpe seco, que a menudo hasta nos asusta. Resuena y se tambalea todo lo que hay sobre ella. Probamos a deslizar nuestros brazos a diestro y siniestro, arrasando con lo que haya en la mesa. 
Sorprendentemente descubriremos que todo cae; lo de la derecha por la derecha, lo de la izquierda por la izquierda y lo de centro según le convenga, sí, pero al fin y al cabo caerán por el mismo abismo que es el borde de la mesa. 

miércoles, 26 de diciembre de 2012

SILENCIO ENSORDECEDOR

No, no me he quedado muda, ni tan siquiera enmudecido. Nadie me ha censurado, ni me he autoimpuesto el silencio más absoluto. Sencillamente hay momentos en los que hay tanto que decir que las palabras se agolpan, aglutinándose en la punta de la lengua, en mi caso en la punta de los dedos, desordenadas y presurosas por ser las primeras en cobrar vida. Y en el intento de organizarlas se me quedan prendidas muchas de ellas con imágenes que desearía borrar y desterrar de nuestra actual realidad. 
A veces resulta demasiado complicado convivir con las situaciones que nos está tocando "sobrevivir" y las palabras, sobrecogidas, gritan desesperadas sin que nadie las escuche.

jueves, 29 de noviembre de 2012

¿ANONIMATO PERMITIDO?

Vicente: deshauciado.
Ana: tres años en paro y madre de dos hijos.
Raúl: acaba de marcharse a Alemania con un contrato de tres meses.
Miguel: ha vuelto a casa de sus padres después de haberse independizado.
Cristina: agredida en una manifestación estudiantil, cuando reclamaba su derecho a una educación pública.
María: ella, su marido, su hijo, su nuera y sus dos nietos, viven de la pensión de invalidez de su marido.
Carmen: deshauciada y en huelga de hambre frente a la oficina de la entidad, que le reclama el pago de la hipoteca.
Fernando: vive en su coche desde hace ocho meses.
Gloria: no puede pagar las medicinas de su hijo con parálisis cerebral.
Teresa: acaban de suspender el proyecto de investigación en el que estaba trabajando.

Joaquín Almunia: comisario europeo de Competencia, que durante una conferencia de prensa en Bruselas afirmó: "Los responsables son los que gestionaron mal las entidades, no se trata ahora de dar nombres y apellidos porque saldría una lista muy larga".

Disponemos de todo el tiempo necesario, empiecen a enunciar los nombres de los responsables, porque nuestra actualidad ya está salpicada a diario de los nombres de la gente anónima que sufre las consecuencias o ¿es que la comisión de estos delitos financieros realmente va a quedar impune?
Si ya han perdido la credibilidad, al menos conserven la dignidad. 

lunes, 19 de noviembre de 2012

HUELGA GENERAL DE ORATORIA

Después de la jornada de huelga y de que cada uno haya jugado con las cifras, sumándose y restando números según la causa. Después de que ciudades encendieran las luces de las farolas durante toda la mañana para "iluminar" sus estadísticas. Después incluso de que algunos hayan valorado la huelga en función del periódico que leyeran. Y después de haber discutido por el número de personas que la secundaron o no, sin considerar nunca la cifra como preocupante. Solo me queda la sensación de que en este país la huelga general fue para la oratoria. Ese concepto, al parecer, algo anticuado y desfasado por el cual las personas tienen la capacidad de convencer y persuadir a través de la fuerza de las palabras y no de los puños.
Ahora la vehemencia no es verbal, sino física y los discursos no se construyen con argumentos y elocuencia, sino con golpes. 
¿Será cosa mía o realmente estamos involucionando?