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miércoles, 24 de abril de 2013

EL RUIDO DE LOS LIBROS

Resulta curioso que tras celebrar el Día del Libro, consecutivamente en el calendario le siga el Día del Ruido. Y negando la evidencia demostrada que este día reclama la necesidad del respeto al silencio, propio y ajeno; me gustaría pensar que hoy el único sonido que se escuche sea el sigiloso roce de las páginas al pasar, de los recién estrenados libros que recibimos ayer. Los hogares, llenos de murmullos mascullados, entre párrafo y párrafo. El aleteo de las pestañas moviéndose convulsivamente entre vocal y consonante, al compás de la danza aprendida del movimiento de los dedos deslizándose por el canto de los libros. El imperceptible rumor del cuerpo estirándose para adoptar la postura más cómoda y alojar la lectura en un regazo que respira acompasado, dejando escapar suspiros de acordes perfectos para acompañar la lectura. Las calles, tranquilas como tardes de domingo, con lectores presurosos por llegar a sus casas y refugiarse en las historias que llevan todo el día esperándolos, pacientes, sobre las mesitas de noche. Distraídas las mentes de cualquier ruido proveniente de la rutina y escuchando, tan solo, las palabras alojadas en las páginas y que cobran voz propia en nuestro interior. Palabras evocadoras, revulsivas, sugerentes, subversivas, políticamente incorrectas, inocuas, intrascendetes unas, trascendentales otras, impropias o triviales; pero todas y cada una capaces de hacer tanto ruido como nosotros realmente queramos. 

domingo, 11 de noviembre de 2012

DECLARACIÓN DE AMOR

Los políticos, como habitualmente se suele decir, están hechos de otra pasta, de lo contrario sería incomprensible entender sus comportamientos, sus actitudes o sus declaraciones, de las cuales se desdicen con la misma rapidez que olvidan que un día las dijeron. 
Ahora el PP ha realizado una campaña que ha llamado mi atención sobremanera; una campaña política con su correspondiente desembolso pecuniario, en la que declaran su profundo amor por los catalanes. Perdón si no me levanto a aplaudir semejante hazaña, pero es que aún no he podido reaccionar. 
Declaran abiertamente su amor por los habitantes de una de nuestras comunidades alegando que: "Los catalanes hacen cosas" o " Echo de menos el pan tumaca". Hasta ahora estaba completamente convencida de que los catalanes hacen tantas cosas como puedan hacerlas los murcianos, los riojanos o los andaluces y de que no sé cómo se puede echar de menos el pan tumaca, cuando en el resto del país también existe el pan y el tomate, pero se ve que vivo en un inmenso error. 
Esta estrategia política roza la ridiculez, degradando la inteligencia del ciudadano ya sea digno de ser amado por el PP o no.
Hacen ostentanción del esperpento, salvando las distancias con su máximo representante en nuestra literatura española, Valle-Inclán. Pero haciendo uso de la que él definió como la tercera forma de ver el mundo que no era otra sino mirarlo desde un plano superior, considerando a los personajes de la trama como seres inferiores al autor, con un punto de ironía.
Ironía, desde luego, no les falta para plantarse delante de una cámara y pronunciar discursos vacuos e infantiles, carentes de sentido y lo que es más, carentes de ese amor del que quieren convencer a los catalanes.
En vez de gastarse el dinero en tal declaración falsa e irrisoria, deberían ir casa por casa de cada uno de todos los españoles agradeciéndonos sus sueldos y su estado de bienestar, mientras nosotros intentamos sobrevivir sin que nadie nos quite la dignidad. 
Esa sí que sería una verdadera declaración de amor. Amor a la honestidad. 


lunes, 24 de septiembre de 2012

EL DECADENTE ENTRETENIMIENTO

Celebro la llegada del otoño, aunque no por ningún sentimiento bucólico que me lleve a buscar poesías aptas para la esperada caída de las hojas, sino a la espera de cierta normalidad, si es que esa palabra es posible en nuestra actual realidad social.
Una normalidad que intuyo complicada en todos los estamentos sociales y que se refleja en sus anomalías hasta en el entretenimiento. Ya no solo por la subida del IVA que convierte el cine, la música o el teatro en un producto de lujo inalcanzable para economías que se sostienen sobre la cuerda floja, sino también por su repercusión en el entretenimiento más accesible a todos que es la televisión.
Sospecho que los recortes han llegado hasta tal punto que debe haberse producido una fuga de cerebros creativos, dejándonos desamparados y huérfanos de programaciones que cumplan la sencilla razón del entretenimiento digno, porque no vale cualquier calificativo para lo que se emite en televisión. 
Cada verano se repiten los programas de playas nacionales convertidas en espectáculos degradantes de gente pugnando por hacer el imbécil frente a la cámara o destinos turísticos internacionales (hasta en esto hay diferencia) dónde solo unos pocos afortunados disfrutan de los placeres de  paradisíacas playas. Como al parecer no teníamos suficiente con los programas que nos correspondían a este verano, nos han repetido los de años anteriores, constatando que el grado de imbecilidad ha ido creciendo ante la urgente necesidad de salir en la televisión antes de que este mundo nuestro acabe saltando por las nubes.
Si no teníamos suficiente con este infame espectáculo nos han repuesto series como Curro Jiménez, que debe haberse sentido algo anacrónico en el tiempo, sintiendo que sus patillas y su porte sobre el caballo no casaban bien con la familia de turno mostrándonos su comida para la playa, los saltos acrobáticos del chiquillo en la orilla o los bailes de la abuela que, secretamente, siempre quiso ser artista. 
Así que me congratulo de la llegada del otoño que arrancará de cuajo de la parrilla estos programas y similares que empeoran aún más, si cabe, la programación habitual; aunque puede ser que esta vez la televisión se quede como los árboles en esta época del año.     
Quizá no sea tan malo después de todo, más de alguno a lo mejor hasta descubre el placer de leerse un libro. 

sábado, 7 de julio de 2012

OSCURIDAD LITERARIA

Todos los grandes tienen trágicos finales, con juegos macabros del destino que, irónicamente, los avocan al fin definitivo. Gabriel García Márquez, "Gabo", cumple con el requisito imprescindible de ser un grande en la literatura universal y, por ende, su injusta sentenica está garantizada.
La genética familiar le ha dejado en herencia no solo, el color de los ojos o el pelo, la forma de mover las manos o las ganas de contar historias; sino que también una cruel enfermedad, que cobra en sí misma más crueldad, si tenemos en cuenta su oficio. Una demencia senil que, progresivamente, irá oscurenciendo su mente dejándonos huérfanos de sus letras.
Su voz interior, esa que ha creado personajes inolvidables, historias infinitas y principios magistrales, se irá acallando, incapaz de hilvanar los mágicos mundos literarios que, pese a la enfermedad, seguirán habitando dentro de él.
Su mente siempre viva se oscurecerá, volviéndose cada vez más negra; como negra fue la ceguera, también hereditaria, de Borges. Aquel al que los médicos prohibieron leer y escribir, a la vez que era el director de la Biblioteca Nacional de Buenos Aires.
Cuentan de él que se paseaba por los pasillos de la biblioteca con la tristeza como única compañera, mientras rozaba, palpaba, tocaba y olía los miles de volúmenes por los que se veía rodeado y a los que, sin embargo, no tenía acceso.
Ahora será "Gabo", quien se pasee por esos universos literarios, que seguirán dormitando en su mente esperando al maestro, aquel que los materializaba sobre el papel y les permitió ser eternos.

"Nadie rebaje a lágrima o reproche
esta declaración de la maestría
de Dios, que con magnífica ironía
me dio a la vez los libros y la noche"

(Poema de los dones. Jorge Luis Borges)