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lunes, 7 de enero de 2013

EL LEGADO DE LOS REYES MAGOS

El día después de Reyes los niños presumen ante sus semejantes infantiles de sus regalos, los adultos descambian las equivocadas tallas (o a las que les gustaría aspirar y así se creen "obligados" a adelgazar) y otros tantos se compran los regalos con el impersonal billete que algún Rey ha dejado dentro de un sobre. 
Melchor, Gaspar y Baltasar se sientan resignados a observar cuánto nos durará esta efímera felicidad y cuándo volveremos a nuestra habitual estado de frustración. 
Para algunos el proceso comienza en el mismo instante en el que abren los paquetes, para otros cuando los papeles de los envoltorios se acumulan en el contenedor de la basura y otros cuando constatan con los demás que hay quién siempre tiene más. Estas no son más que las infalibles consecuencias del consumismo navideño: gasto desmedido y frustración. Feliz fin de la Navidad. 

miércoles, 2 de enero de 2013

SALIDAS DE EMERGENCIA

Las fiestas navideñas se han mimetizado tanto con nuestros estilos de vida que ahora se asemeja sobremanera a un centro comercial.
Todos acuden a ella en masa buscando ese "no sé qué" incapaz de encontrarlo en ningún otro lugar y que previo pago le reportará un fugaz pero intenso momento de felicidad. 
Posee su propio horario especial, impidiendo el acceso a la fraternidad, la paz y la solidaridad fuera del horario comercial. Ofrece ofertas promocionales para captar nuevos clientes y para fidelizar a los habituales. Se adorna con las mejores luces para atraer al público reticente y utiliza eslóganes para captar la atención de aquellos incautos que pretendían pasar de largo de esta hoja del calendario.
Todo el contenido material navideño imprescindible para pasar unas navidades aceptables socialmente se encuentra en los centros comerciales, envueltos por ese "amor" tasado económicamente y pensado por  las mentes creativas, dispuestas a vendernos lo invendible: ya sea un jersey creado en serie, como la historia de un dios que ahora se viste de Massimo Dutti, Bershka o Zara, según bolsillos. 
Solo observo un fallo en esta asimilación de la Navidad con los centros comerciales y es que, a diferencia de ellos, no posee salidas de emergencias. Así que estamos condenados a permanecer dentro de ella hasta el final, sin poder escaparnos por alguna de esas puertas que nos conceden la libertad aunque nos delaten de desertar con sus alarmas acusatorias, bajo la atenta mirada reprobatoria del resto que nos observa huir de la manada.



martes, 11 de diciembre de 2012

NAVIDAD, AZUL NAVIDAD

El manido villancico entona Navidad, blanca navidad, el marketing nos había aleccionado para relacionarla con el color rojo o, incluso con el dorado o verde abeto, pero para lo que no estábamos preparados era para que ahora en España la navidad se vistiera de azul. 
De manera progresiva las calles de las ciudades y pueblos que se encuentran gobernados por el PP se han ido volviendo cada vez más azul. Primero para las campañas electorales, luego para celebrar la victoria de los populares, a continuación cambiando emblemas locales que hasta la fecha ostentaban un color distinto al azul y definitivamente en navidad. 
Los tonos rojos han desaparecido prácticamente de la estética navideña, dejando paso a unas calles que resplandecen azuladas envolviéndonos a todos suavemente. 
De lo que deduzco que:
- o intentan alienarnos de manera subliminar, para consumir aún más nuestras conciencias y nuestro pensamiento libre, y que acabemos considerando que la única opción correcta y verdadera es la del camino azul.
- o bien pretenden azularnos, es decir, el color azul en la escala cromática transmite calma y relajación, con lo que pueden tenernos en la calle en navidad de manera controlada sin conatos de desesperación o rabia causados por la frustrante situación en la que vivimos. Algo que no podrían conseguir si el color rojo, el de la pasión, nos rodesease e impulsase a dar rienda suelta a nuestros sentimientos.
Una eficaz estrategia de marketing político o de control de las masas, según se mire. Todos es que nos acabemos volviendo contra ellos, con complejo de pitufos para ajustarle las cuentas a nuestro propio Gargamel.